Cómo trabajamos en Imbeflow: del primer aviso a la placa colocada

Todo encargo que entra en Paseo del Carmen 113 sigue el mismo recorrido, aunque el resultado sea una placa grabada o un vinilo para un escaparate del Realejo. Este es el proceso, sin adornos y con nombres propios.

De la llamada al mostrador

El teléfono 958 440623 suena en recepción, donde está Sergio Rodríguez de lunes a viernes entre las 9:00 y las 18:00.

Los sábados, de 10:00 a 14:00, atiende Carmen Martínez con la lista de pedidos en curso sobre el mostrador, y no hay centralita ni menú automático, porque quien descuelga es exactamente quien toma nota y quien luego responde si algo se retrasa.

Un encargo típico empieza con una foto del rótulo viejo o con las medidas de una puerta. Si es una placa para un despacho de la Calle Gran Vía de Colón, pedimos el texto exacto y el tipo de letra; si es un vinilo para una clínica dental en el Zaidín, pedimos además el color de la pared y si el soporte es cristal o metacrilato.

Carlos García revisa después el soporte.

Un vinilo sobre ladrillo visto no se comporta igual que sobre aluminio anodizado, y una placa de acero grabada en el taller no lleva el mismo anclaje que una de latón atornillada a una puerta de madera del Centro, así que esa diferencia se nota a los dos años o no se nota nunca.

La mayoría de los encargos llegan por email a [email protected]. Respondemos el mismo día laborable, salvo festivos locales en Granada capital.

De la llamada al mostrador

Materiales y proveedores

Trabajamos con vinilos de corte y con placas de aluminio, latón, acero inoxidable y PVC expandido. El proveedor de vinilo está en el Polígono Juncaril, en Albolote, y el de placas metálicas en Atarfe.

Ambos llevan años sirviéndonos.

El vinilo de exterior que usamos tiene una duración estimada de siete años en condiciones normales, aunque en una fachada orientada al sur, como algunas de la Avenida de la Constitución, el sol castiga más y conviene revisarlo antes del quinto año.

No trabajamos con rotulación de vehículos ni con instalaciones eléctricas.

Tampoco tocamos la fábrica del edificio: si hay que taladrar una pared maestra, lo hace el cliente con su albañil, y si hay que subir a una cornisa sin andamio, tampoco subimos.

Desde 1996 hemos visto cambiar los materiales, y las tintas de impresión han mejorado más que los vinilos en sí.

Verificación antes de cortar

Antes de enviar cualquier archivo a la cortadora, verificamos tres cosas: el texto, las medidas y el color. El texto es donde más errores aparecen, y un nombre mal escrito en una placa de latón no se corrige con un rotulador, hay que repetir el grabado entero.

Por eso pedimos siempre una confirmación por escrito, aunque sea un correo de dos líneas.

Las medidas se comprueban con cinta métrica en el local cuando el encargo supera los dos metros cuadrados; en el caso de un rótulo para una farmacia en la Calle Elvira, medimos el hueco entre el escaparate y la cornisa porque una diferencia de cuatro centímetros obliga a rehacer el soporte completo.

El color se aprueba con una prueba física. Imprimimos una tira de vinilo con el tono elegido. El cliente la compara bajo la luz real del local, porque una pantalla de móvil no sirve para eso.

Sergio Ruiz coordina las citas para estas visitas, que suelen durar entre veinte y treinta minutos.

Errores, correcciones y lo que no hacemos

Cuando el error es nuestro, repetimos la pieza sin coste. Ocurrió en marzo de 2024 con un vinilo para una inmobiliaria en la Chana: el código de color estaba mal introducido y el gris salió verdoso. Se rehízo completo en tres días.

Si el error viene del texto que el cliente confirmó por escrito, repetimos igualmente la pieza, pero el material va aparte; lo decimos claro desde el principio para que nadie se lleve una sorpresa cuando llegue la factura.

No atendemos urgencias fuera de horario.

Tampoco hacemos instalaciones en altura sin andamio o plataforma, ni tocamos cuadros eléctricos, cámaras frigoríficas o pesticidas, porque no es nuestro oficio y no vamos a fingir que lo sea. Una corrección habitual es cambiar una placa entera por un vinilo sobre la placa antigua, que sale más barato y se ve bien si la superficie está lisa.

Qué pasa con un aviso o una queja

Un aviso puede llegar por teléfono, por email o en persona. José Moreno, en administración, lo registra con fecha y hora.

Si el aviso es sobre un trabajo ya entregado, revisamos las fotos del montaje y la confirmación escrita del cliente; en la mayoría de los casos se resuelve con una visita de veinte minutos.

Cuando el aviso es sobre algo que no hemos hecho, lo decimos.

Una pintada en un rótulo ajeno, un vinilo despegado de otro taller, una placa con el anclaje flojo: si podemos, indicamos quién puede arreglarlo y no cobramos por ese consejo. Ningún aviso se queda sin respuesta más de dos días laborables, y esa es la parte del proceso que menos se ve y la que más agradecen los clientes de la zona del Campillo y del Centro.

  1. De la llamada al mostrador El teléfono 958 440623 suena en recepción, donde está Sergio Rodríguez de lunes a viernes entre las 9:00 y las 18:00.
  2. Materiales y proveedores Trabajamos con vinilos de corte y con placas de aluminio, latón, acero inoxidable y PVC expandido. El proveedor de vinilo está en el Polígono Juncaril, en Albolote, y el de placas metálicas en Atarfe.
  3. Verificación antes de cortar Antes de enviar cualquier archivo a la cortadora, verificamos tres cosas: el texto, las medidas y el color. El texto es donde más errores aparecen, y un nombre mal escrito en una placa de latón no se corrige con un rotulador, hay que repetir el grabado entero.
  4. Errores, correcciones y lo que no hacemos Cuando el error es nuestro, repetimos la pieza sin coste. Ocurrió en marzo de 2024 con un vinilo para una inmobiliaria en la Chana: el código de color estaba mal introducido y el gris salió verdoso. Se rehízo completo en tres días.
  5. Qué pasa con un aviso o una queja Un aviso puede llegar por teléfono, por email o en persona. José Moreno, en administración, lo registra con fecha y hora.